Parashat Metzora

A MENUDO nos quejamos de las cosas malas que nos ocurren, y no encontramos consuelo para nuestra desdicha. Estos sucesos pueden afectar nuestra salud física y mental, como lo indica un estudio realizado por investigadores de las universidades de Wisconsin y Harvard, que afirma que la gente creyente está más satisfecha con su vida. Asimismo, otra investigación efectuada por un grupo de científicos del Harvard Chan School of Public sobre la Salud, concluye que las personas que asisten más de una vez a la semana a oficios religiosos tienen un 33 por ciento menos riesgo de morir por alguna enfermedad que aquellas que no lo hacen. No obstante, aun las personas creyentes, quienes saben que Dios hace todo para bien, a veces se plantean ciertas inquietudes al respecto. Esta parashá continúa relatando sobre las manchas infecciosas que aparecían cuando alguien habla mal de otra persona. Los Sabios nos enseñan que estas manchas surgían paulativamente: primero en las paredes de su hogar, luego de un tiempo, si no se arrepentía de su pecado, aparecían en sus utensilios y finalmente si seguía con su necedad, en su cuerpo. Esto se asemeja a un niño que se acerca a un enchufe de corriente eléctrica. Su padre, al principio, le explica tranquilamente que se aleje, pero cuando ve que su hijo continúa en la misma dirección le grita: ¡Hijo, aléjate de allí! Finalmente, al ver que el niño no le hace caso, no le queda más opción que sacarlo de la habitación. Su hijo llora y cree que su papá es el malo de la película. Nuestro desafío es observar, entender y apreciar que esas llamadas de atención son para nuestro bien.

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