Esta Parashá comienza con las leyes que encomendó Dios a los hijos de Israel: “Si compras un siervo hebreo, te servirá seis años, pero al séptimo saldrá libre sin pagar… no obstante, si el siervo insiste diciendo: ”Amo a mi patrón… no saldré libre, entonces su amo lo llevará al juzgado, lo acercará a la puerta, y le perforará la oreja con un punzón, y (el siervo) le servirá para siempre” . Los Sabios enseñan que se trata de una persona que había robado, pero no tiene para pagar. ¿Cuál es el mejor consejo que nos da la Torá? Tiene que trabajar durante 6 años para quien le había robado. Pero, ¿cuál es la finalidad de Dios al ordenar esto, acaso no se vengará el amo de su siervo durante este período? Además, ¿por qué razón el siervo amaría a su patrón hasta el punto de querer trabajar en su hogar por mucho tiempo más? A diferencia del concepto de esclavitud que conocemos, los Sabios aprenden del versículo “Si él (siervo) te dice: No te dejaré; porque te ama y (ama) tu casa, y porque le va bien contigo… ” , que el siervo debe sentirse tan confortable como su patrón: si hay una almohada en la casa, el amo debe dársela, si tiene dos tipos de pan, el amo debe darle el de mejor calidad. La finalidad de esto es tratar de “rehabilitar” al ladrón de una manera saludable, no realizando trabajos forzados en el campo, encadenado bajo un radiante sol, sino apreciando toda la bondad que el siervo recibe constantemente de la persona a la que una vez le había robado. Y esto nos lleva a preguntarnos: ¿alguna vez aplicamos este concepto en nuestras vidas? Pues, en general, nuestra reacción natural cuando alguien nos ofende es retribuirle conforme al daño que nos causó, cuando en realidad la Torá nos da un consejo mucho mejor: ser bondadoso con esa persona, de esta manera se acercará a tí, eventualmente se arrepentirá de su acción ofensiva, y terminará queriéndote. Este ejercicio lleva práctica y concientización, pero la Torá nos promete que el amor no tardará en llegar…






George Deek is an Arab-Israeli diplomat. In 2018, Deek was appointed Israeli ambassador to Azerbaijan. He is the first Israeli Arab Christian to become an ambassador. Deek grew up in an Eastern Orthodox Christian family in the Ajami neighborhood of Jaffa, in a building where the other tenants included Muslims, Catholics, Jews and a Catholic priest of Jewish ancestry.[2][3] His father, who worked as a tax advisor,[3] was one of the leaders of the Christian community in Jaffa who served as chairman of the Orthodox Association, and was considered a well-known and popular figure in the city until in 2015 a square was inaugurated in his memory in Jaffa in the presence of Mayor Ron Huldai.[4] According to Deek, his grandparents fled to Lebanon for safety when the 1947–1949 Palestine war, having been told that the Jews would slaughter them if they remained in their homes, but expecting to return home once Arab armies defeated the Jews.[3] According to Deek, when the war ended, his grandparents felt that they had been “deceived”, and decided to return illegally to their home in Jaffa rather than remaining in Lebanon as refugees. Since reentering the country was illegal, Deek’s grandfather, an electrician, was arrested and jailed.




















