Jánuca c/o Aish HaTorah
Hace más de 2.000 años, en la época del Segundo Templo, los macabim escribieron una página en la historia de nuestro pueblo, dando inicio a la festividad de Jánuca. Ellos comprendieron el valor profundo de encender la menorá en el Templo, esa era la prioridad. Tomaron la decisión de actuar, de levantarse y luchar por la supervivencia de nuestro pueblo. Dios se encargó del resto.
Los macabim tenían la necesidad de expresar su luz interna. Para ellos encender la menorá era algo indispensable. Nunca imaginaron que su acción se convertiría en un legado para el pueblo judío. En una época de caos, lograron mantenerse firmes en cuanto a sus creencias. Por eso el milagro más grande de esa época, fue su convicción por llevar a cabo un ideal y hacer hasta lo imposible para lograr su objetivo. No cuestionaron, ni tampoco se dieron por vencidos. Simplemente confiaron en ellos mismos, porque sabían que Dios confiaba en ellos.
Jánuca es la fiesta de los milagros. Los acontecimientos de cada época se transforman en un legado para las generaciones. Por eso el milagro de Jánuca nos acompaña en la actualidad. Conocer nuestra historia nos permite comprender el presente. Estos días son tiempo de introspección. La vida está llena de distracciones. Estamos saturados y sin darnos cuenta nos hemos convertido en parte de una sociedad que muchas veces nos hace olvidar la razón de nuestro existir. Encender las velas de Jánuca, es darle vida a nuestra espiritualidad, y recordar que tenemos la responsabilidad de lograr que nuestros actos causen un impacto para la eternidad.
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Las bendiciones de Januca
Las primeras dos bendiciones se recitan con el shamash ya encendido, inmediatamente antes de encender las velas de Januca.
Bendición #1
Baruj ata H’ Elokeinu melej ha-olam, Asher kid-shanu be-mitzvo-sav, Ve-tzi-vanu le-had-lik ner shel Januca.
Bendito eres Tú, Hashem, Dios nuestro, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus preceptos y nos ha ordenado encender la vela de Januca.
Bendición #2
Baruj ata H’ Elokeinu melej ha-olam, She-asa ni-sim la-avo-seinu, Baia-mim ha-hem baz-man ha-ze.
Bendito eres Tú, Hashem, Dios nuestro, Rey del universo, que realizó milagros para nuestros antepasados, en aquellos días en esta época.






George Deek is an Arab-Israeli diplomat. In 2018, Deek was appointed Israeli ambassador to Azerbaijan. He is the first Israeli Arab Christian to become an ambassador. Deek grew up in an Eastern Orthodox Christian family in the Ajami neighborhood of Jaffa, in a building where the other tenants included Muslims, Catholics, Jews and a Catholic priest of Jewish ancestry.[2][3] His father, who worked as a tax advisor,[3] was one of the leaders of the Christian community in Jaffa who served as chairman of the Orthodox Association, and was considered a well-known and popular figure in the city until in 2015 a square was inaugurated in his memory in Jaffa in the presence of Mayor Ron Huldai.[4] According to Deek, his grandparents fled to Lebanon for safety when the 1947–1949 Palestine war, having been told that the Jews would slaughter them if they remained in their homes, but expecting to return home once Arab armies defeated the Jews.[3] According to Deek, when the war ended, his grandparents felt that they had been “deceived”, and decided to return illegally to their home in Jaffa rather than remaining in Lebanon as refugees. Since reentering the country was illegal, Deek’s grandfather, an electrician, was arrested and jailed.




















